No puedo evitar aceptar al verte que estás rendida. Que la vida pasa inadvertidamente ante tus ojos y tú… tú sólo la miras pasar. Sé que tu enfermedad avanza a diario y más doloroso aún, todos tenemos conciencia de tu derrochada batalla. Es un peso que, debido al amor que te tengo, lo cargaría solo y con gusto; pero por más que lo desee tan firmemente, no puedo; pero si hay algo que puedo hacer: me encuentro cual sirviente arrodillado ante su rey esperando leal a cumplir sus órdenes, tengo extendida mi mano esperando aceptes mi ayuda. La aceptación nunca hizo presencia. Los días pasan, tú estás más débil y yo también lo estoy. Muchas veces quiero bajar los brazos, rendirme, tan sólo hacerme a un lado del camino y mirar disimuladamente en otra dirección; pero no puedo. Nada ni nadie puede conmigo. Al igual que tu lo fuiste en algún momento, soy un hombre fuerte; diferenciando que yo NUNCA me daré por vencido. Lucharé hasta el final, más aún, conociendo el fin. Tengo metas por cumplir y quiero que seas parte de ellas. Quiero comprendas mi enojo, si es posible etiquetarlo así, pero me resulta angustiante verte en este estado. Se que es incomprensible tu situación desde afuera. Se que hay una gran diferencia entre vivirla y verla, pero también debes aceptar que no haces nada para retrasar lo inevitable. Eres una mujer adulta, se que no puedo obligarte a tomar decisiones pero si influir en cada una de ellas. También en concientizarte de mí incondicional apoyo, de mi incesante lucha, de mi eterno compañerismo, de mi grata paciencia, de mi incalculable amor. Reintegro, soy sumamente consiente de tu cansancio, pero debes tener en cuenta que todo es menos difícil si estamos juntos. Pido por favor no me decepciones. Recuerda siempre que te amo y comprende que sólo intento volver a verte sonreír.
Con mucho amor: Tu Hijo


No hay comentarios:
Publicar un comentario