Cada día me siento más flaco,
siento a mi piel besar mis huesos.
Se adelgaza mi alma, mi corazón
y la música no hace sino abrir llagas
que mis lagrimas otrora habían cicatrizado.
Me siento cansado, cansado de mirar el cielo.
De querer saberlo todo, y saberme nada.
Cansado de creerme poeta, de creer
que en verdad toco el viento;
de esos aires presuntuosos de inteligencia
que no son sino la defensa
de un triste gusano hambriento de amor.
No tengo ganas, ni fuerzas, ¿para qué?
Ya no puedo siquiera intentarlo.
Harto de ser yo, mi tedio me consume,
me mata, me ha destrozado.
Y sigo haciendo reír a todos.
A mi me duelen los ojos.
Me siento débil, lo siento en mis piernas.
Mi gusto por leer se ha secado.
Sólo Pensarte me consuela...
Camino por la calle y me siento un tonto,
un intruso, una vomitada que no debe estar.
La vida luce tan bella ahí donde no estoy,
ahí donde mi presencia no puede perturbar.
No hago mas que dudar, que quejarme -¡cómo me odio!
Mi vida es recordar lo que nunca sucedió
y mis alegrías, pequeñas muestras de amistad
que mi corazón, ansioso, confunde con amor.
Me arden los ojos, me arden.
He empezado a amar la madrugada.
Pobre de mi cama, no tiene la culpa.
En mi miedo, me ahogo en Dios (?)
tan sólo pidiendo por ti.
Y te imagino a mi lado
Ahí me doy cuenta cuán miserable soy,
cuán estúpido, idiota, imbécil.
Todas mis preguntas se volvieron ceniza.
Cada día me siento más flaco
más inútil, más estorbo.
A mis amigos, sirvo de payaso.
Los hago reír, me hacen reír.
Y yo me muero, me suicido a cada rato.
Pasan los minutos, pasan los veranos.
Nuevas gentes, nuevas caras.
En mi cueva todo sigue igual
En mi alma todo sigue igual.


No hay comentarios:
Publicar un comentario